Por qué no diagnosticar a asesinos de ficción

Desde que empecé a jugar Dead by Daylight me he obsesionado con ciertos asesinos de ficción. El que más me ha gustado, sin duda, es Michael Myers de “Halloween”. A partir de ahí, como buena millenial fangirl, me metí en el oscuro mundo de Tumblr en busca de fanarts y fanfics con los que poder calmar mi obsesión.

Ahí encontré muchos autores de fanfics que me encantaban, entre ellos una chica que me tiene encantada por la forma de llevar el personaje sin caer en su romantización. Mi único problema es el que tengo con muchos autores de Tumblr cuando se trata de personajes crueles, despiadados y asesinos: que se ponen a diagnosticar.

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Imagen: Michael Myers, hombre vestido con traje de mecánico, máscara sucia y rascada de pelo castaño.

En general, no deberías ponerte a diagnosticar sobre ninguna enfermedad o trastorno sin tener estudios y experiencia en ello. Básicamente porque los trastornos y enfermedades psicológicas tienen un montón de síntomas que pueden coincidir entre unos trastornos y otros. Por ejemplo, yo pasé gran parte de mi vida creyendo que era autista, hasta que un profesional me explicó que tengo varias características en común con las personas autistas, pero no el mismo trastorno.

Ese es el principal motivo, no eres un experto en algo tan importante como salud y probablemente estés equivocándote. Pero es que equivocarse no sería tan grave si no tuviese unas consecuencias devastadoras para un grupo de gente que ya vive marginalizado.

Estamos hablando de los neurodivergentes. Ya os he hablado de ello en el blog, por ejemplo, en mi artículo sobre cómo crear personajes autistas. Las personas neurodivergentes vivimos estrictamente clasificadas dentro de la sociedad, se nos adjudica un rol, una personalidad, una forma de ser… y si no actúas así es que “no eres borderline, sólo quieres llamar la atención”.

Obviamente, un profesional debería ser capaz de ver más allá de esos prejuicios y fueron precisamente los que me enseñaron que las tablas de síntomas no son más que orientativas, nunca tienes que cumplir todos y cada uno de ellos para poder ser diagnosticado con tal trastorno.

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Imagen: Jason amenazando al espectador con un machete. Hombre con máscara de hokey y ropa de abrigo desliñada.

Un ejemplo muy claro es el cliché de que las personas autistas son superdotadas. Yo he trabajado con muchísima gente autista y muchos amigos míos también lo son. Sólo hay dos con altas capacidades, el resto tiene capacidades dentro de la media. Son muy variados, como cualquier otra persona.

Si el prejuicio de las altas capacidades en los autistas es muy dañino, no os quiero contar los prejuicios sobre la violencia física y los arranques de ira de una persona esquizofrénica. Es verdad que los brotes psicóticos pueden llegar a ser muy violentos, pero no necesariamente tienen por qué ser así. Como dije en “Esquizofrenia en la ficción”, he vivido esta enfermedad de cerca y sé de buena mano que a una persona esquizofrénica le ves un brote a través de sus actos, de su forma de hablar. Si bien puede haber violencia, también es posible que esa persona se dedique a esconderse o a tirar a la basura objetos que considera peligrosos sin serlo.

Aun así, las personas con esquizofrenia viven estigmatizadas porque se las considera inestables, peligrosas e incluso se hace dudar de todo lo que hablen, cuando la realidad es que siguiendo un tratamiento médico pueden llegar a tener una vida normal. Hablar de que Michael Myers es esquizofrénico y por eso mata, porque escucha voces en su cabeza que sólo puede calmar hundiéndole el cuchillo en el pecho a alguien no ayuda a las personas neurodivergentes. Es más, las estigmatiza aún más.

Es el caso también de Sheldon Cooper. No importa si es autista o tiene trastorno obsesivo compulsivo. Es un personaje irritante que te hace gracia por el mero hecho de la situación, pero no es bueno para nadie que se asocie ese tipo de conductas exageradas e irritantes a autismo o a TOC.

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Imagen: Jedidah haciendo el símbolo de victoria. Hombre de pelo negro y piel pálida, dientes torcidos. Lleva gafas de cristal morado.

Quizás estés pensando “pero bueno, la culpa es de quien no se informa y mantiene esos prejuicios”. Bueno, permíteme decirte que también es culpa de quien asocia matar con brote psicótico o ser un insoportable que no tolera que sus amigos se equivoquen en un ingrediente de su pedido con el autismo. Pero en caso de que sí te diese la razón y, efectivamente, la culpa fuese únicamente de quienes reciben información errónea y no de quienes también la crean, creo que es importante tener en cuenta cómo funciona nuestra sociedad y lo sobreexpuestos que estamos a información que muchas veces no pasan nuestros filtros.

Quizás tú si puedes hablar de que la gente debería informarse y esperar a que empiecen a hacerlo, pero las personas neurodivergentes no pueden esperar. Necesitan un cambio ya, y el fin del estigma empieza por dejar de ellos sin conocerles de nada.

Espero que haya quedado clara mi postura. Nos vemos dentro de dos semanas.

¡Ciao, ciao!

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